El ámbito de la salud mueve nuestras vidas y, en buena medida, la economía y los presupuestos públicos. Formamos parte del primer mundo y, tenemos un sistema de valores y un modelo de sociedad donde la protección de las personas, su bienestar individual y social y felicidad es el centro. La salud moviliza recursos humanos y presupuestos, iniciativas políticas y legislativas, intereses e ilusiones, investigación e innovación.
Desde DEP ponemos el foco en los enfermos y sus familias, así como en el entorno en el que viven. Nos interesa conocer y evaluar las políticas públicas relacionadas con las políticas de salud y sociales. Pero también queremos comprender el rol y las preocupaciones de los profesionales del sector, de los especialistas. Para ayudarlos a perfeccionar su trabajo y dar un mejor servicio a los ciudadanos.
Con respecto a los centros y empresas de salud, la mejor manera de superarse es conocer. Por eso, los estudios de satisfacción y de evaluación de la calidad son tan importantes.
Además, en el mundo de la salud, no todo es la práctica médica. Hay mucho de mejora de la atención y la información al paciente y las familias. También es central comprender cómo se pueden optimizar la comunicación y los procesos entre profesionales que permitan a médicos y profesionales de la enfermería, realizar con garantías y tiempo su profesión vocacional y, al mismo tiempo, poner al enfermo en el centro de las mejoras.
Desde DEP tenemos una perspectiva sociológica del mundo de la salud, como es conocido. Esta perspectiva nos permite aportar tres cosas: distancia epistemológica, rigor técnico y, finalmente, un cierto atrevimiento en la recomendación de propuestas estratégicas de mejora de los sistemas y de la actuación de los diferentes agentes.
Tenemos la suerte y la satisfacción de ver como diversas instituciones públicas y privadas, de aquí y de allá, ven a DEP como un socio que les ayuda a reflexionar las cosas y mejorarlas con la vista puesta en el mañana.
Enric Renau
Director General
DEP Consultoría Estratégica


Editorial