¿Qué es la Agencia d’Avaluació de Tecnologia i Recerca Mèdiques (AATRM) y qué objetivos se plantea este 2008?
La AATRM es una empresa pública al servicio del Departament de Salut y del CatSalut especializada en la evaluación sanitaria, o más concretamente, en la investigación evaluativa. Nacida el año 1994 para dar respuesta a las crecientes tensiones y demandas de nueva (y más cara) tecnología como una evolución ‘natural’ de una oficina técnica del Departament de Salut ha ido centrando su ámbito de conocimiento en la evaluación, y en la metodología que hace fuertes las valoraciones. La AATRM es experta en estimar y, como en la mayoría de las ocasiones, lo hace mediante la investigación creemos que el término acertado es el de investigación evaluativa.
Para el año 2008, en el marco del plan estratégico 2007-10, los objetivos de la AATRM son consolidar la experiencia conseguida en la evaluación de la calidad de la prestación sanitaria, ya sea mediante la creación de nuevos instrumentos de evaluación, ayudando a la creación y difusión de Guías de Práctica Clínica (entedidas como una posible manera de reducir la variabilidad clínica y el fomento de las buenas prácticas), o evaluando medidas de eficacia y seguridad. Y todo ello, como siempre decimos, consolidando lo que tradicionalmente ya hemos hecho: la evaluación de tecnologías y de investigación y, especialmente, para tasar el impacto de la investigación a diferentes niveles de la sociedad.
¿Cómo de necesario es crear una información fiable, adaptada al contexto sanitario y con un lenguaje claro?
Una de las mayores paradojas de la globalización es que en la era de las nuevas tecnologías impera la desinformación. La proliferación del ciberespacio, ya sea la web 1.0 o la cada vez más importante web 2.0, y la facilidad de acceso al mismo dificulta cada vez más separar el grano de la paja. Algunas herramientas incorporan algunas medidas indirectas de relevancia o impacto, éstas, de hecho, sólo nos dicen en cuantas ocasiones aquella información ha sido consultada, pero no se informa de la veracidad de la misma. Es la propia credibilidad del informador quien da fuerza a la información.
En el contexto sanitario las cosas no son diferentes y lo que la AATRM viene haciendo desde hace años es de manera independiente (y con los recursos disponibles) utilizar una metodología que prioriza la calidad de la información y saca conclusiones o incluso recomendaciones. El caso más claro es el de las Guías de Práctica Clínica, en las que a preguntas concretas se responde con diferentes aseveraciones que ya vienen ‘calibradas’ según una plausible veracidad de la información que la sustenta (la evidencia científica).
A pesar de una cierta (¿excesiva?) tendencia a intentar encontrar las evidencias que apoyan cualquier afirmación, no es menos cierto que la tendencia a la entropía informativa es mayor y que se precisa de un esfuerzo titánico para sistematizar al menos la información referente a las nuevas tecnologías (es muy difícil alterar el curso de las que ya están introducidas en la práctica asistencial habitual y no tanto al principio del proceso) y especialmente hacer comprender a los profesionales de la salud (a todos los niveles) que se deben tomar decisiones basadas en hechos y no en suposiciones más o menos bien informadas.
¿Qué pasos se siguen para conseguir este tipo de información?
La metodología estándar en cualquier proceso de evaluación empieza en la formulación de la pregunta adecuada, con los límites de la pregunta bien claros y unívocos. Una vez tenemos la pregunta, hay que sistematizar la búsqueda de información. Afortunadamente eso se puede hacer ajustados por centinelas de datos potentes y bien organizados, aún que no centralizados en un único repositorio de datos. Hace falta tener en cuenta que en no pocas ocasiones lo que se necesita es adivinar qué hay en la literatura gris, aquella (normalmente del ámbito académico) que no está catalogada ni almacenada dentro de estas bases de datos. Se deberá en este momento ser muy cuidadoso a la hora de definir los límites de la búsqueda, para captar toda la información relevante pero sólo escrutar aquella que aporte valor.
Una vez sabemos qué información hay disponible es preciso leerla y sintetizarla en lo que conocemos como las tablas de evidencia. A partir de estas y según la ocasión, se realizará una discusión de los datos o, mediante la evaluación de la calidad metodológica de los estudios de los cuales emanan estas evidencias, se realizarán unas recomendaciones, recogidas en tablas de recomendaciones.
A menudo la evidencia es insuficiente y las recomendaciones son también de baja calidad por lo que recomendamos más investigación. Alguien podría decir que eso no hace más que confundir, pero estamos convencidos que saber que no sabemos suficiente es un buen punto de partida y que marcar prioridades de investigación ayuda también a orientar la investigación hacia llenar los vacíos detectados.
En cualquier caso hay que hacer un importante esfuerzo en la diseminación de los resultados e igualmente en diseñar instrumentos para evaluar el impacto de todo los estudiado sobre los profesionales sanitarios (a diferentes niveles) y sobre la sociedad en general. Creemos que es un reto para los próximos años.


Editorial